Diferencias entre liquidez y solvencia empresarial

Existen dos criterios fundamentales para analizar los balances empresariales y valorar si el desempeño económico de una empresa es el adecuado en un momento determinado: la liquidez y la solvencia. En algunos casos, estos dos términos tienden a ser confundidos, cuando en realidad se trata de dos indicadores que reflejan cosas distintas.

Se puede decir que ambas representan la capacidad de pago de una empresa aunque en plazos diferentes. Así, mientras la liquidez se refiere a la capacidad de una empresa para atender sus obligaciones a corto plazo, la solvencia sirve para viabilidad de una empresa a medio/largo plazo.

La liquidez a nivel de empresa

La liquidez es la cualidad que tienen los activos de nuestra empresa para convertirse en dinero de forma inmediata. Desde el punto de vista empresarial, la liquidez se define como su capacidad para atender a sus obligaciones de pago a corto plazo. En este sentido, un activo muy líquido puede ser vendido rápidamente en cualquier momento y con una pérdida mínima de su valor.

En el balance aparecerán los activos de mayor a menor liquidez, siendo la tesorería de la empresa (el dinero contante y sonante) el activo con mayor liquidez y el inmovilizado (vehículos, mobiliario, equipo informático), el activo con menor liquidez.

Una insuficiente liquidez puede ser la causa de una suspensión de pagos (no confundir con quiebra técnica) o, dicho de otro modo, de la imposibilidad de hacer frente a nuestros compromisos de pago a corto plazo. Las suspensiones de pagos pueden provocar bien cierres de empresas bien a procesos concursales que, a su vez, pueden dar lugar a convenios o también en liquidaciones ordenadas de empresas.

Las principales consecuencias de la falta de liquidez son, a grandes rasgos:

  • Se restringen las líneas de créditos ofrecidas a la empresa.
  • Su imagen se ve perjudicada de forma notable.
  • Los saldos descubiertos provocados por la insuficiente liquidez provocan intereses de demora.
  • Se venden activos por debajo de su valor razonable para cubrir las necesidades inmediatas de fondos.

liquidez-solvenciaUn buen indicador para comprobar si nuestra liquidez es la correcta es el fondo de maniobra. Este indicador nos indica qué cantidad del activo a corto plazo está financiado con pasivo a corto plazo. Lo ideal es que la mayor parte del primero esté financiado con recursos a corto plazo, dejando un pequeño margen de maniobra financiado con recursos permanentes (exigible a largo plazo + patrimonio neto).

De no ser así, si el pasivo a corto plazo es mayor que el activo a corto plazo, podemos encontrarnos en una situación de suspensión de pagos, ya que nuestra capacidad de pago a corto plazo es insuficiente, lo que puede dar lugar a refinanciaciones de deudas (de corto a largo) o, directamente, el cierre empresarial si no se gestiona de forma adecuada.

Por ejemplo, una sociedad que tenga 10.000 euros de activo a corto plazo estará en suspensión de pagos si su pasivo a corto plazo es de 15.000 euros ya que no cuenta con recursos económicos suficientes como para devolver sus deudas más a corto plazo y necesitará liquidez adicional. Sin embargo, si su pasivo a corto plazo es de 7.500 euros, no tendrá necesidades de liquidez adicionales y su fondo de maniobra será correcto.

Solvencia empresarial: nuestra fortaleza a largo plazo

La solvencia, en cambio, es la capacidad que tiene todo individuo o empresa para atender sus compromisos de pago con los acreedores a largo plazo, es decir, sus deudas. A diferencia de la liquidez, una empresa solvente es aquella que se caracteriza por disponer de una cantidad notable de patrimonio neto (compuesto, en su mayor parte por capital social y reservas) en relación a sus deudas.

Para medir la solvencia se utilizan:

  • Los ratios de apalancamiento que miden el efecto relativo entre el total de las operaciones a financiar.
  • Los ratios de estructura financiera.
  • Los ratios de equilibrio temporal entre activos y pasivos.
  • Los ratios de cobertura de gastos financieros.

Una empresa cuyo patrimonio neto sea negativo porque, por ejemplo, haya acumulado numerosas pérdidas en ejercicios anteriores, será una empresa en quiebra, con independencia de que cuente con liquidez suficiente o no, ya que el valor total de sus activos será menor al valor total de sus deudas, tanto a corto como a largo plazo.

En resumen, tanto la liquidez como la solvencia son dos elementos esenciales para que nuestra empresa tenga una buena salud financiera, pero no tienen por qué estar unidos. Una persona o empresa puede tener liquidez y no ser solvente, o a la inversa, puede afrontar sus deudas sin contar con activos fácilmente convertibles en dinero.

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