¿Por qué el BCE compra activos ahora?

El BCE anunció, el pasado 22 de enero, la compra de activos públicos y privados en el mercado secundario por valor de 60.000 millones de euros al mes durante hasta el mes de septiembre de 2016. Una política a imagen y semejanza de la que llevó a cabo la Reserva Federal para acabar con el desempleo en Estados Unidos con buenos resultados.

Casi todo el mundo descontaba este movimiento por parte de Mario Draghi. No en vano, el tipo de cambio entre el euro y el dólar se ha depreciado casi el 40% desde hace varios meses y ya se ha empezado a rumorear que se pueda llegar a la paridad. Pero, ¿qué ha llevado al BCE a comprar activos en este momento? ¿Por qué Mario Draghi está preparando el terreno para una Expansión Cuantitativa (Quantitative Easing o QE) similar a la de Estados Unidos?

La lucha contra la inflación, el objetivo prioritario

El Banco Central Europeo establece en sus estatutos que la evolución del nivel general de precios en Europa tiene que ser estable, en torno al 2%. Es decir, que el objetivo de inflación se sitúe en torno al 2%. En la actualidad, el IPC armonizado, indicador que el BCE toma como referencia, está en torno al -0,6% en tasa interanual, bastante por debajo del objetivo establecido.

La deflación es el gran monstruo que el BCE pretende evitar. La bajada generalizada de precios provoca el aumento de las deudas de familias y empresas, además de constituir un supuesto efecto negativo sobre las ventas de las empresas (en teoría, aplaza decisiones de consumo por parte de los compradores), que puede abocar a la quiebra a muchas compañías.

BCE-activosNo obstante, hay que tener en cuenta que, como el colesterol, hay deflaciones buenas y deflaciones malas. Entre las segundas se sitúa la deflación provocada por la reducción en la cotización del petróleo. El precio de los carburantes es uno de los componentes con más peso dentro del IPC y la reducción en el precio del crudo, al afectar a casi todas las actividades productivas de la economía, hace bajar los precios. En este caso, no estaríamos ante una mala deflación por una caída en la demanda de las empresas, sino de una buena deflación provocada por causas exógenas a la propia marcha de la economía..

Medidas no convencionales para solucionar el problema

Hasta ahora, las medidas llevadas a cabo por el Banco Central Europeo se podían calificar como convencionales. Es decir, los que la teoría económica y monetaria dice que una autoridad monetaria debería aplicar en caso de caída generalizada en el nivel de precios y depresión económica sostenida en el tiempo.

En general, estas medidas se han traducido en una reducción en el tipo de interés, una reducción en el coeficiente de caja, operaciones de mercado abierto para facilitar financiación a los bancos a tipos bajos y, por último, facilidades permanentes reduciendo el tipo de interés al cual los bancos de la zona euro pueden depositar su liquidez.

Sin embargo, el BCE ya había sacado toda su artillería. Con el tipo de interés en mínimos históricos, las facilidades del depósito en negativo (los bancos que quieran depositar su liquidez en el Banco Central Europeo deberán pagar por ello) y el coeficiente de caja en un ridículo 1%, los precios no han parado de caer. Las medidas convencionales no han dado sus frutos y, por este motivo, el BCE necesita de fórmulas diferentes para que la liquidez acabe llegando a familias y empresas a través del crédito.

Sin embargo, con los planes de compras de activos anunciada por Draghi, el BCE agota prácticamente sus últimas balas de política monetaria, más allá de seguir ampliando los plazos o la cuantía de su QE. Con la estabilidad de precios como objetivo prioritario, el margen se ha reducido de forma notable y, por el momento, no parece que la deflación se vaya a corregir, al menos en el corto plazo.

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